"Esto en un país normal no pasa" - Patria Moreira

Año 6. 2018 .  San Juan.  Argentina.   Email: patriamoreira@gmail.com      www.facebook.com/carlosbecerraart
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Politica > Opinión
"Esto en un país normal no pasa"
En nuestro país, cuando se corta la luz, cuando fallan los teléfonos o cuando las calles quedan cortadas por una protesta, enseguida se puede escuchar: “¡qué país de mierda!”, "esto en un país normal no pasa", “¿por qué no podemos ser un país normal?”, frases que se chocan con la percepción que los extranjeros tienen de nosotros. "Hay una contradicción, que es que por un lado el resto del mundo está convencido de que los argentinos somos soberbios, pedantes, arrogantes, insoportablemente creídos... y que los argentinos dentro de la Argentina nos la pasamos hablando pestes de nuestro país". ¿Cómo nació el Mito del País Normal?
Si somos argentinos y pretendemos dirigirnos a “todxs los argentinos”, es aconsejable citar de entrada  el trabajo de algún extranjero. Caso contrario, corremos el peligro de caernos en la grieta con su consecuencia inevitable: que algunos te ignoren por defender una postura considerada enemiga; y que los otros, que te consideran del palo, te aplaudan sin leerte. Por esto, recurriremos a citar una nota de Ignacio de Los Reyes, corresponsal español en Buenos Aires de la agencia digital de noticias BBC Mundo, la cual repasa “La obsesión argentina por ser un país normal".  El gallego nota que, en nuestro país, cuando se corta la luz, cuando fallan los teléfonos o cuando las calles quedan cortadas por una protesta, enseguida se puede escuchar: “¡qué país de mierda!”, "esto en un país normal no pasa", “¿por qué no podemos ser un país normal?”, frases que se chocan con la percepción que los extranjeros tienen de nosotros. "Hay una contradicción, que es que por un lado el resto del mundo está convencido de que los argentinos somos soberbios, pedantes, arrogantes, insoportablemente creídos... y que los argentinos dentro de la Argentina nos la pasamos hablando pestes de nuestro país". El corresponsal gallego tratando de entender ¿qué coño nos pasa?, consulta al Dr. en Antropología y argentino, Alejandro Grimson, autor de Mitomanías Argentinas: Cómo Hablamos de Nosotros Mismos.
Según Grimson, los argentinos tienden a interpretar la historia de su país como la de una nación que pasó de ser una gran potencia de glorioso destino a ser un absoluto desastre. "En el imaginario se ve a la Argentina de finales del siglo XIX y principios del XX como un país europeo ubicado en un lugar equivocado, con la idea de que es una gran potencia mundial, el granero del mundo”. "En aquella época eso era muy discutido, pero 100 años después se tiene a ese país totalmente idealizado, como si hace un siglo la Argentina hubiese sido totalmente maravillosa". "Algunos dirían que Argentina fue una potencia a principios del siglo XX, otros que lo fue en los años del peronismo (años 50), pero todos parecen coincidir en que ahora el país vive en una permanente crisis", cuenta el doctor en antropología en la Universidad Nacional de San Martín.
Luis García Fanlo, profesor de Sociología de la argentinidad en la Universidad de Buenos Aires, asegura que la obsesión con ser normal tiene que ver con la construcción misma de la nación argentina "frente a la gran inmigración de fines del siglo XIX y principios del XX". "El Estado implementó una serie de dispositivos patrióticos y un discurso sobre el argentino normal, buen argentino, argentino sano, basado en el positivismo médico y el darwinismo social de la época". "Un -argentino normal- era quien adhería a la cultura del trabajo, no se metía en política y profesaba sentimientos patrióticos y de sumisión ante el orden social”. "Según el discurso de la clase dominante, fue primero el anarquismo, luego el Yrigoyenismo (por la presidencia de Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical) y finalmente el peronismo los que degradaron al buen argentino, generando un país anormal”. “Estos discursos se reprodujeron en el teatro, el cine, la TV, la literatura, la historieta, los diarios... hasta convertirse en el sentir común", añade. Actualmente se ha instalado por los mismos medios una “verdad”, instalada y repetida con la fuerza de un dogma, que el peronismo gobernó durante los últimos 70 años, y ese es el motivo fundamental de la decadencia argentina. Los números expresan otra cosa. Pero es importante acotar que desde 1943 a la fecha el peronismo fue gobierno durante el 46 por ciento del período. Es decir que el restante 54 por ciento el gobierno estuvo en manos de partidos no peronistas.

Orígenes de antiperonismo

El mito del país normal y el sentimiento antiperonista se entrelazan en sus orígenes. La clase alta argentina que recordaba con nostalgia la época del “granero del mundo”, aquella en que se iba de vacaciones y dejaba con la boca abierta a los europeos por su alto poder adquisitivo y refinamiento, reaccionó de muy mala manera frente al peronismo. Acusaban a Perón de muchas cosas, pero lo que más les dolía fue que el peronismo había roto el “sistema jerárquico”, había subvertido el orden natural de las cosas. El sistema jerárquico establece que algunos están arriba y otros están abajo; que Perón rompiera éste orden social, para ellos natural, era algo que no le iban a perdonar jamás.  
El acceso a la vivienda a través del estado fue visto por ésta gente como una “injusticia”, ya que los que tenían una vivienda lo habían logrado por su “propio esfuerzo”, sudor y bla bla blá. ¿Que los pobres veraneen donde lo hacían los ricos? no podían soportarlo, así que   inventaron veranear en Punta del Este y abandonaron la “negra” Mar del Plata. Antes y ahora siguen deseando lo mismo: restituir el orden perdido y recuperar todos sus privilegios. Por eso no dudaron en apoyar a dictaduras atroces y sangrientas con tal de sacarse de encima a los negros fascistas; siempre en nombre de la democracia, y en defensa de la república. Mariano Grondona dijo: “que a veces hace falta una dictadura para que haya una república”; donde queda claro que lo importante no es ni democracia, ni dictadura, sino restituir el orden jerárquico, que se constituye para ellos en sinónimo de república.  
Es más, el antiperonismo es anterior al peronismo, es la continuidad de la contradición entre civilización o barbarie que planteó Sarmiento en el Facundo. Es la estigmatización constante del indio vago, del gaucho bruto, del cabecita negra, de las patas sucias en la fuente, del villero choro, de la “masa ignorante” versus el “talento individual”; estigmatización que no es otra cosa que la expresión continua del racismo argentino.
Sobre éste racismo originario opera el discurso de la “argentina blanca” contra la “argentina negra”. Es el inconsciente mecanismo por el cual la “civilización” de los pocos mantiene el control sobre la “barbarie” de los muchos. La grieta le debe mucho a Sarmiento, pero ellos no son la civilización ni nosotros la barbarie, son sólo categorías con las que la oligarquía nacional  viene construyendo el mito del “país normal” que legitima el orden jerárquico que los pone a ellos arriba y a nosotros abajo.  El “país normal” que se añora, aquella argentina “granero del mundo” fue un proyecto para muy pocos, una argentina sin clase media, sin aguinaldo, sin vacaciones pagadas, sin derecho a huelga, y sin  indemnización por despido, sin el voto de la mujer, y con millones de excluídos. Lo increíble fue el éxito que  tuvo la clase dominante en imponer su versión particular de las cosas a todas las demás. Resulta enternecedor, y a la vez escalofriante, que una empleada doméstica comparta las ideas de Esmeralda Mitre.

"Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo" Albert Einstein

Tal vez la solución sea algo muy distinto a lo que venimos haciendo. Por ejemplo, Finlandia tiene uno de los mejores niveles educativos del mundo, allá no hay colegios mejores o peores, son todos igual de buenos. ¿Son todos privados? No, por el contrario, son todos estatales. Es más, en Finlandia es ilegal abrir un colegio y cobrar matrícula, por eso no existen colegios privados. Así que los padres ricos se aseguran que sean muy buenos porque ahí van sus hijos. Y como los niños ricos van al colegio junto con todos los demás, crecen con todos esos niños como amigos, entonces cuando se convierten en adultos ricos no son tan miserables con los pobres como lo son nuestros ricos. El modelo se llama “estado de bienestar” nórdico. Y ya estaría bueno que probemos con cambiar hacia al futuro, y no hacia el pasado, como muy sincera y elocuentemente nos propuso María Eugenia Vidal.
Por José Luis Pereyra.
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